Crear un Chardonnay es, para mí, un ejercicio constante de interpretación. Pocas variedades responden con tanta sensibilidad al lugar donde crecen y a las decisiones que tomamos en la bodega. Con los años, he aprendido que su versatilidad no está solo en su capacidad de adaptación, sino en la forma en que traduce, con precisión, las particularidades de cada terroir. En Chile, especialmente en zonas de clima frío, esta variedad ha revelado perfiles de gran tensión, frescura y profundidad, que siguen sorprendiéndome.
La búsqueda de nuevos terroirs forma parte del ADN de Viña Morandé, y así es como hoy conviven, dentro de nuestro portafolio, vinos con propuestas tan singulares como el Vitis Única Chardonnay, de Casablanca, y el Black Series Chardonnay, del Valle del Malleco. Separadas por cerca de 700 kilómetros, estas dos regiones presentan climas, suelos y geografías muy distintas, pero comparten algo esencial: la capacidad de revelar nuevas expresiones del Chardonnay chileno.
Chardonnay en el Valle de Casablanca



En Casablanca, la influencia marítima define el ritmo del viñedo. Las brisas frías provenientes del Pacífico retrasan la maduración y permiten que la uva conserve su acidez natural, desarrollando un perfil elegante, preciso y con una frescura persistente. En el sector de Lo Ovalle, trabajamos con una parcela muy específica, de suelos arcillo-graníticos, con presencia de cuarzo y baja fertilidad, lo que naturalmente limita el vigor de las plantas y favorece una maduración lenta y equilibrada. Las vides están plantadas en alta densidad, lo que estimula el desarrollo de raíces profundas y concentra la expresión de la fruta.
Cuando la uva llega a la bodega, el desafío es simplemente dejar que el vino se exprese. Parte del mosto fermenta con sus pieles, aportando mayor textura y complejidad, mientras otra parte se prensa con racimo entero, buscando pureza y definición. La fermentación con alta turbidez, seguida de una crianza en barricas y fudres de roble y acacia de distintos volúmenes, permite elaborar un Chardonnay que combina volumen y delicadeza, sostenido por un equilibrio muy preciso entre acidez y fruta.
Chardonnay en el Valle de Malleco



Si Casablanca nos habla de precisión, el Valle del Malleco nos sitúa en el límite. La zona de Traiguén representa uno de los territorios más australes de Chile, un lugar donde el clima impone condiciones desafiantes que delinean, año a año, el perfil de los vinos. Sus veranos son cortos, los inviernos largos y lluviosos, y la maduración ocurre de forma lenta. Las temperaturas medias son bajas, en torno a los 12,2°C; las heladas son frecuentes en algunas zonas, y aun así el Chardonnay logra expresarse con una pureza notable, excelente acidez natural y gran concentración.
Los suelos volcánicos, profundos, con arcilla roja y rocas friables, aseguran un equilibrio entre drenaje y retención hídrica. El crecimiento de las vides es naturalmente limitado, y los rendimientos, moderados. En este contexto nació, en 2020, el Black Series Chardonnay.
En la bodega, respetamos este carácter desde el inicio. La cosecha manual en pequeñas cajas preserva la integridad de la fruta. El prensado suave y la fermentación con su turbidez, en fudres y barricas de distintos volúmenes, permiten que el vino gane complejidad sin perder tipicidad. La conversión maloláctica es parcial, precisamente para mantener la tensión natural que entrega el terroir. Tras diez meses de crianza, el resultado es un Chardonnay de perfil más contenido, profundo, con una acidez firme y un perfil aromático de gran fineza.
Entre Casablanca y Malleco, trazamos un recorrido de dedicación y descubrimiento. En este proceso, existe un diálogo constante entre naturaleza e intervención, en el que cada decisión debe estar al servicio de lo que la uva ya trae consigo. Es en esa convergencia donde, con cada cosecha, encontramos nuevas formas de interpretar el Chardonnay en Chile.
por Ricardo Baettig

